Cuando la promiscuidad es un problema

cuando la promiscuidad es un problema

La promiscuidad es un problema cuando implica riesgos para la salud o es síntoma de un vacío emocional. Por eso conviene hacer un ejercicio de reflexión y valorar a qué se debe nuestra conducta y si estamos actuando de forma responsable.

¿Qué es la promiscuidad?

Libertinaje y promiscuidad son conceptos que conllevan una serie de connotaciones negativas. A menudo suponen un serio deterioro de la reputación del individuo. Y, dependiendo de los hábitos de quien los ejerce, también pueden tener consecuencias para la salud. Según algunos expertos la promiscuidad es una práctica que se relaciona especialmente con un rasgo de inmadurez emocional. Suele ir ligada a sentimientos de temor y resistencia al compromiso y el rechazo a afrontar responsabilidades en lo personal y con respecto a otras personas. El estigma social suele acompañar a las personas promiscuas, sobre todo cuando estas son mujeres.

Pero, ¿qué se considera promiscuidad, qué factores la causan y qué consecuencias puede tener?

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, se considera que la promiscuidad es un problema cuando una persona mantiene relaciones sexuales con más de dos individuos en un plazo inferior a 6 meses. Esta es una definición orientativa ya que hay que tener en cuenta que es un fenómeno que se valora de forma diferente dependiendo de la cultura, el sexo o la edad.

Más común en hombres que en mujeres

Se sabe que la tendencia a comportamientos promiscuos es bastante más común entre hombres que entre mujeres. Y aunque hay estudios estadísticos que lo confirman,  es un dato fácilmente extraíble de la simple observación. La sociedad es fundamentalmente machista y tiene a reprimir, en prácticamente todas las culturas, la libre expresión de la sexualidad femenina. En la mujer se valoran las actitudes recatadas. Todo lo que se salga de este esquema, parece dar pie a comportamientos irrespetuosos hacia su persona. La promiscuidad es un problema social para la mujer a causa de prejuicios aprendidos. Por el contrario, la virilidad del hombre es una supuesta virtud que se ensalza y adquiere más valor, cuanto más numerosas sean sus conquistas sexuales.

La promiscuidad se ha visto favorecida por la llegada de internet a nuestras vidas. La web ha aumentado las posibilidades de ligar y contactar con otras personas de forma sencilla. Solamente hay que entrar en algún chat específico, en una página de contactos o en un foro de swingers para comprobarlo. Incluso las mujeres están adquiriendo una mayor libertad y no esconden sus deseos sexuales como hicieron las generaciones anteriores. En esta ciber-promiscuidad hay cabida para todas las preferencias sexuales, todas las edades y todo tipo de gustos individuales.

Según estudios sociológicos, la tendencia a buscar parejas sexuales fuera del matrimonio o la relación estable, es algo común a todas las sociedades y culturas humanas. Es un fenómeno que se da tanto en hombres como en mujeres. En las sociedades donde la mujer no sufre presiones sociales con respecto al sexo, ellas inician las aproximaciones sexuales con tanta frecuencia como los hombres. Este dato nos aclara que la promiscuidad está más relacionada con factores aprendidos que con actitudes o comportamientos innatos.

Posibles riesgos cuando la promiscuidad es un problema

No sería exacto afirmar que la promiscuidad está ligada a actitudes irresponsables. Pero por lo general y con bastante frecuencia, el hecho de mantener relaciones sexuales esporádicas con personas diferentes, provoca el aumento de la tasa de embarazos no deseados. También la de contagios de algunas enfermedades de transmisión sexual.  Esto significa que todavía hay mucha gente que carece de la información necesaria para evitar conductas de riesgo. Una buena educación sexual es algo imprescindible para fomentar comportamientos responsables y emocionalmente equilibrados.

La mala o escasa comunicación dentro de la familia, así como la falta de atención o las relaciones frías y poco afectivas, pueden ser factores propiciatorios para el desarrollo de una conducta promiscua. Otras causas pueden ser una educación con una fuerte represión de la sexualidad o problemas de autoestima. Algunas personas aprenden a utilizar el sexo como una herramienta para revalorizarse ante los demás como alguien deseable y codiciado. O también para conseguir la aprobación de determinadas personas.  Y por supuesto, también influye la hipersexualización que promueven ampliamente los medios de comunicación. Tanto en cine como en televisión y otros medios audiovisuales, se transmite una sexualidad desmesurada como algo moderno y “guay”.

La promiscuidad es un problema cuando esta relacionada con una baja autoestima y problemas para establecer relaciones afectivas. En algunos casos puede estar relacionada con trastornos de la personalidad como la narcisista, la bipolaridad o el trastorno límite. También puede ser frecuente en individuos que han sido víctimas de abusos sexuales. Estos de algún modo interiorizan que la única forma de resultar valioso y recibir afecto, es a través del sexo.

Consecuencias de la conducta promiscua

Además de desagradables sorpresas como ETS o embarazos no deseados, una conducta promiscua puede tener algunas secuelas psicológicas. Por lo general son actitudes hacia las que gran parte de la sociedad manifiesta un fuerte rechazo. Esto puede provocar algunos problemas de índole social como soledad, desconfianza o aislamiento. Si el individuo promiscuo parte de una autoestima endeble, se verá embargado con frecuencia por sentimientos de culpabilidad, vergüenza o rabia. Todo ello resulta incompatible con una vida equilibrada de bienestar físico y psicológico.

En realidad, la promiscuidad no siempre tiene por que ser un problema. Pero según las causas que la motivan y las posibles consecuencias que acarrea, puede convertirse en un problema serio. En ciertos casos, basta con ofrecer la información sexual necesaria para no poner en riesgo la salud ni la integridad física. Y en otros, puede ser conveniente solicitar la intervención de un terapeuta para aprender a manejar de forma adecuada los impulsos sexuales, así como, mejorar la gestión de nuestras emociones. 

En una sociedad libre de prejuicios y tabúes, la promiscuidad no tiene porque ser algo dañino. En Farmacia Sexual estamos a favor de que cada cual exprese su sexualidad de forma espontánea y natural. Siempre, por supuesto, dentro del respeto y la responsabilidad.

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